Debate por la gestión económica del pasado gobierno aceleró el tranco de la discusión: Reforma tributaria: la madre de todas las batallas

Camilo Carreño y Waldo Díaz.
Reportajes
El Mercurio

Con el objetivo de retomar el crecimiento y la inversión, el Gobierno evalúa rebajar gradualmente el impuesto de primera categoría desde el 27% al 24,5%, equivalente al promedio OCDE, y abrir un nuevo período para la regularización de capitales extranjeros. Aún es una incógnita si el Presidente Piñera anunciará parte del plan en la cuenta ante el Congreso Pleno del 1 de junio. Lo que está claro es que la oposición ya cuenta con un equipo para enfrentar esta agenda y que el debate tributario ha terminado aglutinando al sector, al menos en la Cámara Alta.

El dicho es supuestamente campañero y se remonta a 1992, cuando James Carville, estratega de Billl Clinton, lo invitó a focalizarse en los problemas cotidianos de los ciudadanos. “Es la economía, estúpido” repitió una y otra vez hasta transformarse en un mantra. En Chile -durante las últimas semanas- el debate tributario encendió la agenda política y económica y la frase previamente mencionada parece estar invertida: “Es la política, estúpido”.

El debate en torno a los supuestos gastos comprometidos sin financiamiento por el gobierno anterior y que la actual administración ha dicho que deberá ajustar se ha convertido en un escenario de hostilidades entre las autoridades económicas y políticas actuales y las de la ex Nueva Mayoría. El ministro de Hacienda, Felipe Larraín, acusó a sus antecesores de comprometer gastos sin financiamiento por más de US$ 5.500 millones -dijo que existen “presiones de gasto comprometido que no están en el Presupuesto 2018 ni en el Tesoro ni en el Programa Financiero 2019-2022”- e incluso el director de Presupuestos, Rodrigo Cerda, mostró el pasado 2 de mayo un power point en el Congreso: expuso que el sobregasto en el Ministerio de Salud alcanza los US $1.273 millones e hizo presente que no están los US$55 millones comprometidos para los costos de APEC, que se realizará en Chile en noviembre de 2019.

El siguiente capítulo transcurrirá mañana en el Congreso, cuando Nicolás Eyzaguirre concurra a la comisión mixta de Presupuestos a responderle a Larraín y salga a defender la gestión económica, uno de los capitales que la centroizquierda construyó bajo los gobiernos de la Concertación y que no está dispuesta a tirar por la borda. Los argumentos que hasta ahora ha entregado el ex ministro han estado línea con la de parlamentarios de la ex Nueva Mayoría, como el senador Ricardo Lagos Weber (PPD), y su antecesor en Hacienda, Rodrigo Valdés: “Una cosa son las presiones de gastos y otra los gastos comprometidos. La palabra comprometidos denota que hay una ley que los habilitó, por lo tanto, que son legales. En distintos servicios públicos hay constantemente presiones para exceder los gastos que están legalmente autorizados, y típicamente el problema que viene hace 25 años, y que además no es privativo de Chile, sino que ocurre en otras partes del mundo, es Salud”.

Toda esta discusión terminó acelerando el tranco de lo que en buena parte de la clase política apodaron como la madre de todas las batallas: la reforma tributaria.

OCDE y capitales extranjeros

Desde antes del 11 de marzo, cuando llegó por segunda vez a La Moneda, el Presidente Sebastián Piñera busca simplicar la reforma tributaria que se aprobó bajo la administración de Michelle Bachelet. Para ello el Gobierno maneja varias alterativas, como bajar el impuesto a las empresas y derribar el sistema actual para volver a integrarlo.

Según documentos elaborados por el Ejecutivo, a los cuales tuvo acceso “El Mercurio”, una de las propuestas pasa por rebajar gradualmente la tasa del impuesto de primera categoría desde el 27% que alcanzaría Chile el 2018 a 24,5%, equivalente al promedio OCDE. También se podría abordar la opción de abrir un nuevo período para la regularización de capitales extranjeros e ingresos no declarados de años anteriores: se estima que el proceso llevado a cabo previamente fue exitoso, pero requiere de una extensión de tiempo para eliminar desconfianzas y aumentar los ingresos.

Las opciones son múltiples y pasan, al menos en el papel, por suplir la recaudación de la rebaja a los impuestos de primera categoría. En el Gobierno se comenta que podrían abrirse espacios para aumentar de 35% a 40%, la tasa impositiva a las personas de mayores ingresos -alrededor de 20 mil- o aumentar el impuesto al diésel. Esta última alternativa, si bien sería beneficiosa en términos de recaudación, es percibida en el oficialismo y la oposición como la más compleja, porque puede abrir un complejo flanco con los camioneros, entre otros sectores. Otra opción es recurrir al impuesto al lujo. Hoy, sin embargo, si una cajetilla de cigarrillos cuesta $2.500 pesos, cerca de $1.250 se van al fisco. Por lo tanto, el margen de recaudación es bajo.

Como sea, desde el gobierno plantean que Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, por ejemplo, han bajado sus impuestos para promover la inversión.

Los tiempos de La Moneda

La gran duda, dicen en La Moneda, es si el Presidente Piñera anunciará la reforma en su primera cuenta pública ante el Congreso Pleno, el próximo 1 de junio.

Para sus cercanos, a lo más hablaría de “simplificar la reforma”, algo bastante esperado, pero insuficiente para buena parte de la centroderecha que esta vez espera gobernar “sin complejos”. La meta del Ejecutivo es tenerla aprobada el 30 de enero. Para ello, debe estar debatiéndose en la sala del Congreso en septiembre, dado que en octubre ingresará a trámite la Ley de Presupuestos.

Para que los plazos calcen, lo más probable es que la reforma ingrese a fines de junio.

Para ser aprobado, el proyecto requiere el respaldo de la mayoría simple de los parlamentarios, por lo que necesitan votos opositores. En el oficialismo, quienes encabezarán las negociaciones son el ministro Larraín y el Director de Presupuestos. Entre los parlamentarios, quienes están a cargo de aglutinar y defender públicamente los puntos del gobierno son Juan Antonio Coloma (UDI) y José García Ruminot (RN). En el mismo equipo tiene un rol clave Carolina Fuensalida, asesora en materias legislativas de carácter tributario del Ministerio de Hacienda.

La oposición se agrupa

Desde la oposición, el ex ministro Valdés, el ex subsecretario Alejandro Micco, además de los senadores Carlos Montes (PS), Ricardo Lagos Weber (PPD) y Jorge Pizarro (DC), asoman como las piezas claves en esta dura negociación.

Valdés, incluso, quiere asistir mañana a la exposición de Eyzaguirre en torno al debate sobre los gastos comprometidos sin financiamiento por el gobierno anterior. El propio Lagos Weber le había advertido al último ministro de Hacienda de la era Bachelet la fuerza política de la discusión y la necesidad de salir a contrarrestar a Larraín.

El debate, de hecho, crispó el ambiente y todas las señales apuntan a que complejizó aún más las tratativas en torno a la reforma tributaria.

“Entendiendo la legítima preocupación que puede tener un ministro de Hacienda respecto de las cuentas fiscales o incluso las dudas que le puedan asaltar respecto del prespuesto aprobado para el 2018, a todas luces la forma negativa y la vehemencia con que juzga lo ocurrido a su juicio con las cuentas fiscales no se condice con un ministro que teniendo una sustantiva minoría parlamentaria debe proceder a generar un clima de entendimiento”, afirma Lagos Weber.

Desde que Piñera se instaló en La Moneda, Montes ha liderado desde la presidencia del Senado instancias para rearticular a la oposición, golpeada tras la derrota en la última elección presidencial: algunos de sus partidos entraron en profundas crisis, a lo que se sumó la arremetida del Frente Amplio y el hecho de no contar con un liderazgo nítido que aglutine al sector. Hoy, es en la Cámara Alta el lugar donde opera en conjunto la ex Nueva Mayoría, incluida la DC.

Así, en lugar de poner el acento en la política de alianzas, que aún generan profundas diferencias internas, el parlamentario ha apostado por buscar denominadores comunes en torno a temáticas. Una de ellas es la agenda tributaria. Su propuesta ha sido compartida al menos por los otros senadores de oposición que integran la comisión de Hacienda.

En este contexto, la reforma se ha convertido en un factor que agrupa al sector, lo que supone un ingrediente político que dificulta el llegar a un acuerdo con La Moneda.

Los parlamentarios se han reunido en al menos dos ocasiones desde marzo y, junto a un equipo de economistas y abogados que trabajaron en la reforma tributaria, comparten su rechazo a rebajar el impuesto a las empresas, volver a la integración tributaria e innovar respecto a las normas antielusión. Parte de los criterios que han defendido pasan por resaltar el concepto de justicia tributaria -que los sectores con mayores recursos paguen más impuestos- y mantener la recaudación proyectada en el gobierno de Bachelet.

Un acuerdo con miras al próximo gobierno

El 24 de abril, Montes convocó en el ex Congreso al seminario “Reforma tributaria: avances y desafíos”. Se trataba de un análisis de los objetivos, alcances y efectos de la reforma tributaria aprobada en 2014 y los cambios que se prevén para la actual administración.

Los expositores de la jornada fueron Micco, Sergio Henríquez, Andrea Repetto, Francisco Saffie y los senadores Lagos Weber, Pizarro y Juan Pablo Letelier (PS). Lo más llamativo del encuentro, más allá de que buena parte de las exposiciones apuntaron a entregar argumentos respecto de los beneficios de la reforma, apuntó a quienes llegaron a escuchar: una suerte de conjunción de los dirigentes reconocidos por su rol bajo los gobiernos de la Concertación y los de la ex Nueva Mayoría. Así fue como entre el público se confundían Ricardo Solari, Andrés Zaldívar, Francisco Vidal, Máximo Pacheco, Álvaro Elizalde, Carlos Ominami, Ricardo Núñez y Jaime Gazmuri, además de los senadores PS Isabel Allende y Rabindranath Quinteros. También llegó el independiente Carlos Bianchi, conocido por haberse convertido en una suerte de fiel de la balanza en algunas votaciones en la Cámara Alta.

Durante las exposiciones, Micco dijo que cualquier cambio en los impuestos genera mucha crispación política y que los países no se sostienen con reformas tributarias cada dos años. Pizarro, en tanto, explicitó buena parte de lo que para algunos está en juego en torno a la discusión de la reforma tributaria: dijo que la centroizquierda debe generar condiciones que puedan construir un acuerdo con miras al próximo gobierno, en medio de la dispersición de las fuerzas opositoras.

FUENTE:
www.economiaynegocios.cl

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